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Concepción Filosófica
del 1º Grado
A
nada importante se puede llegar sin la enseñanza del Grado de Aprendiz.
Todo estudio, toda profundización en la Simbología, se relaciona
directamente con lo allí aprendido. Se enseña y se pide
entrega de ese algo guardado tan celosamente: la personalidad, aquello
que hace único y diferente un hombre de otro. Conseguirla en toda
su magnitud, es una tarea árdua, delicada y no exenta de dolor.
El permanecer fieles a esa ley interna que diferencia al hombre de los
demás y lo hace idéntico a sí mismo, es algo más
fácil de decir que de hacer. ¿Quién va a destinar
tiempo a la meditación y a la búsqueda de la propia individualidad,
al no hay remuneración por esto?. Se premia a la productividad
y suena ridículo pensar en una distinción que sea otorgada
a una personalidad integrada.
Se aprende a concebir un Templo levantado a imagen de la conciencia de
una sociedad mejor, con su evolución pragmática que produce
un mejoramiento ético, y que da cuenta cabal del desbastamiento
de la Piedra Bruta, con la voluntad y la inteligencia.
Nada se obtendría, si el Iniciado, no se situara con esta enseñanza
en el lugar que le corresponde en esta revolución socio-económica
de la hora actual.
Es imprescindible ser justos; justos con la Humanidad en que se vive,
justos con la propia familia y justos con nosotros mismos, contribuyendo
a que toda la sociedad tome y saboree su parte de felicidad, pero no dejando
de perseguir y disfrutar la propia.
La justicia consiste en dar a cada hombre lo que legítimamente
le corresponde; pero, también es darse a sí mismo la parte
que corresponde en los bienes en la tierra.
El nacer impone la obligación de vivir, y esta obligación
da el derecho de tomar, no sólo lo necesario, sino lo cómodo
y lo agradable.
Se conseguirá, seguramente, ser la Piedra Cúbica que permita,
sin argamaza, ubicarla en el lugar que corresponda en el gran edificio
espiritual, que construye la Francmasoneria. No debe importar el posible
papel secundario de su ubicación; se quedará satisfecho,
porque cada piedra es vital en esta gran obra humana.
Pero, se debe enseguida, explicar el misterio de las ciencias naturales
de la tierra, de la astronomía y de la filosofía de la historia.
Es necesario esforzarse en investigar y analizar las causas y orígenes
de las cosas, conocerse a sí mismo, para llegar a ser capaces de
las propias decisiones y concebir todo lo que la felicidad humana puede
obtener de nuestra Orden por medio del trabajo, la ciencia y la verdad.
Es esta concepción filosófica la que orienta la labor del
Masón.
Nada se crea por capricho, todo tiene que cumplir una función en
el equilibrio matemático del Universo.
El hombre se ha alzado más allá de los límites que
le fueron impuestos según las Sagradas Escrituras y ha quedado
deslumbrado del largo camino recorrido en el Universo para ser lo que
SOMOS.
Dice la ciencia, que en su trayectoria, un gran cuerpo celeste viajero
chocó con el sol, proyectó su masa y se formaron los planetas
y estos empezaron a enfriarse y a girar alrededor del sol, debido a la
atracción gravitacional.
Y el problema nació de una célula, allá en la inmensidad
del océano, millones de años y parece sólo ayer,
ya que, a veces, siente el hombre, inclinaciones para usar toda su capacidad
creadora para regresar más cerca de su punto de origen.
Se tiene conciencia de existir y simultáneamente de una actividad
propia: una personalidad, que hace al hombre diferente de todos los demás.
El libre albedrío, hace al individuo feliz o desgraciado. Estas
intuiciones constituyen para la persona su realidad esencial.
Los estados de conciencia se deslizan a través del río.
Se es a la vez cambio y permanencia. Se es más, mucho más
independiente del medio ambiente que lo son los demás animales.
La inteligencia ha liberado al hombre. El cual, es sobre todo, el inventor
de las armas, las herramientas y las máquinas, con la ayuda de
cuyas invenciones puede manifestar sus características específicas
y distinguirse de todos los otros seres vivientes.
Ha expresado el hombre sus tendencias internas de manera objetiva, erigiendo
estatuas, templos, teatros, catedrales, hospitales, universidades, laboratorios
y fábricas. De este modo, ha impreso sobre la superficie de la
Tierra, el sello de sus actividades fundamentales; es decir, de sus sentimientos
estéticos y religiosos, su sentido moral, su inteligencia y su
curiosidad científica.
En la escala de las magnitudes, el ser humano está situado a mitad
de camino entre el átomo y la estrella. Según el tamaño
de los objetos con que se le compara, aparece grande o pequeño.
El hombre es gigantesco si se le compara con un electrón, un átomo,
una molécula o un microbio; pero es minúsculo comparado
con una montaña o con la Tierra.
“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, dijo Arquímides.
El hombre de hoy dice: “Dadme una palanca para alzar a los hombres
que viven en forma subhumana”.
Pero, esta palanca, que multiplicó el efecto del trabajo del hombre
en el principio de su desarrollo, hoy la usamos como manifestación
de voluntad inquebrantable, inteligente y desinteresada.
Toda empresa humana lleva, con sanos propósitos, sin egoismos ni
mezquindades lo que debe tratar de imponerse, porque estará guiada
por el conocimiento cabal del problema, su principio y su fin, lo negativo
y lo positivo y cuando hay entrega total, sin esperanza ni interés
personal, el éxito es seguro, porque no habrá fuerza capaz
que se oponga a una voluntad que permanece consciente.
Todo es trabajo. El pensar, es emanación de energía. El
actuar, transformación de energía en movimiento y cuando
de energía hablamos, hablamos de trabajo.
Para el Masón el trabajo es manifestación de superación
del espíritu, porque bajo cualquier forma en que se produzca, entra
en la grande acción perpétuamente transformadora de lo que
existe. Trabajar es hacer obra útil, obra de bien y de verdadera
piedad.
La doctrina de que el trabajo es un acto de devoción, ha sido,
desde tiempo inmemorial, la razón principal de la Orden. No existe
otra institución humana que haya hecho resaltar este gran fundamento
de manera tan vigorosa. Contínuarnente oímos decir que la
FrancMasonería es una asociación que inculca moralidad,
alienta los sentimientos sociales y enseña el amor fraternal, pero
jamás debe olvidarse que, desde la piedra fundamental hasta el
pináculo de su enorme Templo, se haya inserta, como un simbolo
de luz viviente, la gran verdad de que el trabajo es una entrega espiritual.
El trabajo es fuente inagotable de salud, porque, junto con darle soltura
a los músculos nos da agilidad mental, para que nos abramos paso
hacia los manantiales del saber y la verdad.
Los Masones tienen la doble responsabilidad de atender sus actividades
profanas, que les permiten vivir decorosamente y con los suyos, y aquella,
que les impone su calidad de tales, que siendo muchas veces de puro orden
especulativo, contribuye a cimentar la estabilidad social y el progreso
del mundo. A ambas actividades debe el Masón dedicarse con ahínco,
con fervor, con cariño; pero, mas que todo, con acrisolada honradez,
a fin de que no puedan ser desvirtuados los nobles propósitos que
Inspiran la acción masónica.
El Masón debe ser ejemplo de abnegación y de sacrificio
frente a los compromisos que se le confíen.
Ejemplar en sus actuaciones constructivas, podrá encontrar imitadores
que se sumen a la gran obra del perfeccionamiento humano.
Si el iniciado cumple, según el espíritu de la Orden, y
logra ganar tantos adeptos como los que se necesitan, para borrar de la
faz de la Tierra la miseria, no vamos a tener la oportunidad de escuchar
a un Papa, en sus Encíclicas, dándole una solución
religiosa a un problema de conciencia humano, cual es la defensa de los
Derechos y Deberes fundamentales del Hombre.
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La
Filosofía del Grado es Iniciática
El
aprendiz es ya iniciado. Hay un cambio, o debe haberlo, esencial en la
vida del iniciado; un cambio cualitativo. Las pasiones, las vanidades,
las jerarquías sociales y de fortuna han quedado afuera. Los dogmas,
los prejuicios, los fines profanos, todos afuera. El joven aprendiz debe
quedar libre de preocupaciones.
Solamente así puede ponerse en actitud de buscar la verdad. Con
plena conciencia de su búsqueda individual, buscando crear las
condiciones para la más amplia libertad nterior, ei aprendiz, el
iniciado no se preocupa, se ocupa del quehacer filosófico, busca
el conocimiento del mundo y de sí mismo, para su perfeccionamiento
individual, y a través de él, para el perfeccionamiento
de la orden y de la humanidad.
La Filosofía del grado, es pues, iniciática porque es profunda,
ha de gestarse en la recóndita, silenciosa y secreta, impenetrable
conciencia del iniciado, de cada cual, y porque es personal. Sólo
el iniciado, y nadie por él ni sobre él, puede acercarse
a la verdad, a la virtud y a la belleza.
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La
Filosofía del Grado es Simbólica
La filosofía iniciática es esencialmente dialogal. El iniciado
trata de aprehender la verdad confrontando a las luces del templo y a
sus hermanos en general. Es la experiencia vital como parece haber sido
siempre en la disciplina iniciática el vehículo para el
aprendizaje individual. Y esa experiencia ha de trasmitirse a través
de un lenguaje que es simplemente simbólico: porque es lenguaje
y pertenece a la clase de los símbolos, porque es genéricamente
un lenguaje simbólico, y porque, específicamente, está
provisto del simbolismo de la Masonería que es hermético.
Es simbólica la filosofía iniciática, porque con
su método nos muestra que, además de la apariencia de las
cosas, cada cosa, no importa cuan diferente sea de las demás, un
neutrino, un neutrón, un protón, un electrón, una
molécula, una piedra, un océano, una flor, una máquina,
cada cosa encierra en sí un misterio que solamente el iniciado,
cada individuo, en su experiencia interna puede descubrir en parte; en
parte, porque el significado del ser es infinito... No todo es manifiesto,
ni todo lo manifiesto es verdad.
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Símbolos y Palabras
En
el amanecer del hombre, y lo sabemos por las huellas que pueblan la tierra,
el símbolo fue la base del inicio cultural, y a pesar de que muchos
vestigios permanecen silenciosos como esperando un despertar o un deslumbramiento
sobre su sedimento se ha ido levantando el sistema que dirige a los humanos.
Aunque se rasguñe en la piedra arcaica empero se iluminen las cavernas
olvidadas; no obstante escrutemos en el fondo de los bosques o reparamos
los desiertos agobiantes, allí donde el hombre vivió, luchó
amó y murió, allí apera indeleble su recado; queda
su mensaje, su voz amortiguada, su anhelo detenido.
Y, en una larga cuerda, el símbolo como un nudo, sirvió
y sirve para que sucesivas manos vacilantes encuentren apoyo y guía
en la marcha que rompió con la aurora y que hoy continúa
tan dispareja como entonces.
El símbolo fue y es depósito de saber y sabiduría;
semilla y polen para la cercana cosecha; germen y principio para desparramar
enseñanza hacia las generaciones que se anuncien.
El símbolo está implícito en el quehacer humano;
casi no hay actividad en que el símbolo no tenga papel destacado,
volviendo tangibles y representativas las, ideas, las emociones y sentimientos,
en un otro limitado que incluye la personalidad individual y los perfiles
sociales; los rasgos culturales y los estudios de su desarrollo.
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La
misión del Símbolo
El
símbolo significa algo aparte de él mismo.
El símbolo representa una síntesis, un resumen de conocimientos,
de ideales y de propósitos. Generaliza lo que las palabras especifican
y aunque no tiene una substancia determinada, fija o invariable, puede
ser explicado desde diversos ángulos, dando origen a valoraciones
diferentes, pero semejantes en el fondo.
En el símbolo yacen dos naturalezas. La idea que sobrelleva o el
ideal que encarna y el medio exterior, con. que se manifiesta en, el mundo
material.
Para, que el símbolo sea trascendente; para que el símbolo
tenga una apreciación constructiva o corporal, es menester que
el motivo relacionado se vincule por concordancia o analogía con
la idea que quiere significar, puesto que la misión del símbolo
es emparejar la percepción del concepto, norma o enseñanza
de difícil aprehensión.
Los espíritus evolucionados al dar expresión, al dar vida
al símbolo arrancan apreciables significados que vigorizan las
aspiraciones y actividades cuya meta es el perfeccionamiento personal
y, el bien común.
En el abigarrado mundo de los objetos, para conocerlos es necesario superar
las apariencias; en el campo de los valores morales aún el vencimiento
de las exterioridades es insuficiente; sólo, el símbolo
acerca a la verdad y, aún así, con imperfección.
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El
contenido del símbolo
El
contenido del símbolo es potencialmente rico en normas tendientes
a dirigir la conducta, debido a que es decantación de experiencias.
En el símbolo Interesa más lo conceptual que su vestidura
superficial. Su figura manifiesta no es más que el vehículo
para la comunicación colectiva de una actitud vital que no siempre
logra trasmitirse de modo explícito.
El símbolo es el principio de traducción que coopera en
la "comprensión y asimiento de la regla".
Como herramienta de pensar, acumular y transferir, escapa a la privacidad
de cualquier método de examen: los integra todos, pero el símbolo
no llega a todos los hombres; únicamente a aquellos que disponen
de los instrumentos que permiten ahondar Inteligentemente en las afinidades
y relaciones que se entrecruzan en la Creación.
Hay como un hilo secreto para adentrarse en el lenguaje hermético
de los símbolos, que sobrepasa el mero conocimiento, la simple
penetración.
Para entrar derechamente en el símbolo hace falta el corazón
que favorece la práctica de la fraternidad.
La palabra que nace del corazón y llega al corazón comunica
realmente.
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