LAS TRADICIONES DE LAS CORPORACIONES
La
historia de la Francmasonería lo mismo que la historia del mundo,
tiene su base en la tradición. Lo que el H:. Anderson atribuye
en las primeras páginas de su "Libro de las constituciones
a la Historia", es tan solo la historia de la corporación
de constructores tal cual se encuentra en las antiguas constituciones
y cuyo carácter tradicional no puede ponerse en duda: Historia
real del arte de construir, del que se ocupa especialmente. Sencilla,
clara y breve, adaptada a la inteligencia de aquellos a quienes se destinaba,
la encontramos en los antiguos documentos; más tarde la cultura
intelectual del pueblo exigía, en sus progresos, mayor aplicación
de ciencia demostrativa y de argumentos convincentes; por esta razón
la encontramos en los anales de fecha más reciente, adornada de
mayores detalles, os tentando cierta erudición antes desconocida.
En el documento descubierto por Haliwell en la antigua biblioteca real
del Museo Británico (British Museum), y publicado en 1840, esta
tradición. ocupa solamente ochenta y seis líneas o versos.
He aquí un extracto de este documento, tal como ha aparecido en
estos últimos tiempos: “Que el Todopoderoso, Dios eterno,
proteja nuestros trabajos y nos conceda la gracia de gobernamos de tal
modo que podamos conformamos en esta vida con sus designios y obtengamos
después de nuestra muerte la vida eterna.
“Queridos hermanos y compañeros:
“Vamos a contaros de un modo claro y sucinto, cómo empezó
este importante arte, cómo mereció la protección
de grandes reyes, de dignos pr“El principio de todas las ciencias
fué descubierto por los hijos de Lamech: Jabal el mayor, descubrió
la geometría, y Tubalcain, el arte de forjar. Para que sus prodigiosos
descubrimientos no se perdiesen y pasaran a la posteridad, los escribieron
en dos pilares de piedra, de los que Hermes encontró uno, estudió
las indicaciones que contenía y enseñó en seguida
a otro lo que él había aprendido. En la época de
la edificación de la torre de Babel, el arte de construir la Masonería,
empezó a adquirir importancia, y el mismo rey Nemrod se hizo masón
y demostró gran predilección por este arte, para la construcción
de Nínive y otras. Nemrod envió treinta masones a quienes
hizo recomendaciones especiales: sed fieles unos a otros, amaos sinceramente
y servid con fidelidad a los que tengan autoridad sobre vosotros, para
que de este modo me honréis a mí que soy vuestro amo y os
honréis vosotros mismos.
"En fin, cuando Abraham fué a Egipto con su mujer, enseñaron
a los egipcios las siete ciencias y formaron un discípulo, Euclides,
que se distinguió especialmente en estos estudios. Euclides llegó
a ser maestro en las siete ciencias: enseñó la geometría
y dictó una regla de conducta en los siguientes términos:
En primer lugar debían ser fieles al rey y al país a que
pertenecieran: amarse y ser fieles entre sí: darse el nombre de
hermanos o de compañeros. Debían elegir por maestro al más
sabio, tener en cuenta para esta elección la amistad particular,
las condiciones de nacimiento o de riqueza, sino las dotes de sabiduría
y de prudencia; todos se obligaban bajo la fe del juramento a observar
todas estas prescripciones.
“Mucho tiempo después, el rey David emprendió la construcción
de un templo, que se llamó el templo del Señor en Jerusalén.
Amaba mucho a los masones y les comunicó los reglamentos y los
usos que Euclides le había trasmitido. A la muerte de David, Salomón
terminó la construcción del templo: envió masones
a diversos países y reunió 40.000 obreros en piedra a quienes
se les llamó también masones: de entre ellos escogió
tres mil que fueron llamados maestros y directores de los trabajos. “También
existía por aquel tiempo en otro país un rey a quien sus
súbditos llamaban Iram (Hiram), el cual proporcionó a Salomón
las maderas de construcción para el templo. Salomón confirmó
los reglamentos y las costumbres que su padre había introducido
entre los masones: de modo que el arte de la Masonería se había
afirmado en el país, en Jerusalén y en otros muchos reinos
y estados.
“Miembros inteligentes de estas asociaciones viajaban por el extranjero
para instruirse y enseñar y de este modo, un excelente masón,
Ninus (Mannou) Gracus, fué a Francia a establecer la Masonería.
“Inglaterra no disfrutó de este género de instituciones
hasta el tiempo de San Alban. En esta época, el rey de Inglaterra,
que era pagano, encerró con una muralla la ciudad de San Alban,
confiándose a este santo la dirección de la obra. San Alban
retribuyó con buen salario a los masones, y obtuvo del rey para
ellos cartas de franquicia que les permitían reunirse en asamblea
general. Presidió la recepción de nuevos masones y les dictó
reglamentos para su orden y gobierno.
“Poco después de la muerte de San Alban, varias naciones
extranjeras hicieron la guerra a Inglaterra, de modo que poco a poco estos
reglamentos dejaron de estar en vigor hasta el reinado del rey Athelatan.
Este monarca era un príncipe digno: pacificó su reino y
ordenó la edificación de numerosas abadías, de muchas
ciudades y de otros grandes trabajos y quería mucho a los masones;
pero su hijo Edwin, que practicaba con entusiasmo el arte de la geometría,
los favoreció más todavía. Fué recibido masón
y obtuvo del rey su padre una carta de franquicia y la autorización
de convocar cada año a todos los masones, para comunicarse recíprocamente
las faltas que se hubieran cometido y las transgresiones de que se hubieron
hecho culpables y castigarlas. El mismo presidió en York una de
esta asambleas, recibió nuevos masones, les dio reglamentos y estableció
costumbres. En la reunión de las asambleas, invitó a todos
los masones, tanto a los nuevos como a los antiguos, a comunicar a sus
compañeros cuanto supieran acerca de los usos y obligaciones impuestas
a los masones en el extranjero y en otras partes del reino. Y cuando para
responder a esta excitación de presentaron los escritos pedidos,
se encontraron algunos en francés, otros en griego, en inglés
y en otras lenguas, que convenían y eran idénticos en cuanto
al objeto que les inspiraba. Edwin los reunió todos en un libro,
en el que decía el modo como se había realizado este descubrimiento.
Recomendó y ordenó que este libro fuera leído y comentado
cada vez que se recibiese a un nuevo masón, y antes de hacerle
conocer las obligaciones que le imponían.
Desde entonces hasta nuestros días los usos y prácticas
de los masones se han conservado bajo la misma forma en el límite
del poder humano.
"En diversas asambleas se establecieron leyes y ordenanzas necesarias
o útiles según la opinión de los maestros y de los
principales compañeros.”
Tal es la antigua tradición, basada en ciertos relatos históricos
transmitidos de generación en generación, que constituyen
la historia verdadera, auténtica del arte de construir. Todos saben
que este arte, principio de toda civilización, florecía
ya entre los pueblos de la remota antigüedad, y se puede inferir
que desde entonces, los obreros masones debían estar organizados
regularmente. De todas suertes nada prueba que la historia de la Sociedad
de los Francmasones pueda remontarse hasta estos primitivos tiempos.
Se comprende fácil y naturalmente que los miembros de las corporaciones
de masones de la Edad Media, procurasen añadir importancia y dignidad
a su institución, atribuyéndole un origen tan antiguo y
confundiéndo con este propósito, la historia de su arte
y el de la Asociación, para lo que hasta cierto punto, estaban
realmente autorizados. No sucede lo mismo con los francmasones, en la
verdadera acepción de la palabra los cuales deben adoptar para
constituir la historia de su institución, en que sólo se
construye simbólicamente, un punto de partida distinto y conservar
al documento notable que acabamos de reproducir su carácter tradicional.
Del hecho de que el Templo de Baal de los Babilonios, de que las construcciones
de los persas y el Templo de Jerusalén tuvieran una forma cuadrada:
de que la tumba de Ciro fuese rectangular y de que las piedras de los
edificios de Babilonia ofreciesen inscripciones en su parte inferior no
se puede deducir absolutamente nada que se refiera a la historia de la
Sociedad de los Francmasones. Todas las tentativas hechas para remontar
esta historia a época anterior a la Edad Media han fracasado hasta
ahora y es casi seguro que no obtendrán en lo sucesivo mejor fortuna.
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Corporaciones
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En presencia de este predominio de la tendencia individual, era natural
que por todas partes se hiciese sentir la necesidad de las asociaciones
libres. Este sistema se introdujo primero en el estado eclesiástico
(el régimen monacal), después en la caballería y en
fin entre todos los ciudadanos, según su oficio (corporación)
y en las confederaciones de las ciudades. Dondequiera que dirijamos la vista
encontramos corporaciones debidamente instituidas, apercibimos el espíritu
del individualismo y su potente acción.
La atrevida lucha que caracteriza esta época se revela particularmente
en el arte de construir. Este arte, emanado, como toda la cultura de aquel
tiempo, de las tradiciones del arte romano, se desenvolvió después
de numerosas conversiones y transformaciones debidas a influencias extrañas,
hasta llegar a ese grandioso sistema que nos presenta la historia de este
arte. Todas las fuerzas activas de todos los pueblos cristianos convergieron,
en la Edad Media, hacia él, para resolver en la medida de sus respectivos
medios, las dificultades de este problema. Alemania y Francia se distinguieron
en primer término en este concepto; correspondiéndole el segundo
lugar a Inglaterra, mientras que España e Italia vinieron mucho más
tarde a afiliarse a este movimiento de progreso. En dos épocas distintas
podemos dividir este estudio, según los diferentes estilos: el estilo
romántico y el gótico (germánico).
Los Conventos
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El estilo romántico (1.000 - 1.200) es, hablando propiamente, el
estilo católico; y, en efecto, es, por su carácter esencialmente
sacerdotal.
La construcción de los edificios religiosos se debe, en primer lugar,
a la iniciativa del clero. Los conventos fueron los verdaderos focos de
la actividad industrial y fecundaron también el suelo, transformando
en fértiles oasis llanuras estériles y desiertas. Por estas
causas el arte de construir fué en un principio ejercitado por los
monjes. Los benedictinos primero y más tarde los cistercenses, se
ocuparon de la construcción. Cada convento era una colonia, donde
además de dedicarse a las prácticas de piedad, se estudiaban
las lenguas, la teología y la filosofía, se ocupaban activamente
de agricultura y se ejercían y enseñaban todos los oficios.
Como cada abad consideraba de su deber el contribuir al embellecimiento
de la iglesia de su convento, y el fundar nuevos monasterios y erigir nuevas
iglesias; además como la vigilancia y conservación de los
edificios estaba a su cuidado, el ejercicio del arte de construir, que en
aquella época abrazaba la escultura, la pintura, etc, formaba parte
de los deberes de su administración y constituía, por lo tanto,
para ellos una verdadera obligación.
Los abades trazaban los planos de sus edificios y dirigían su construcción,
estableciendo de este modo una corriente de inteligencia entre las relaciones
de los conventos. Muy pronto, sin embargo, al lado de los monjes arquitectos
aparecieron arquitectos laicos.
La construcción de grandes edificios públicos debía
establecer relaciones muy estrechas entre los numerosos artistas y obreros
durante el período, con frecuencia largo, que se empleaba en la construcción
de cada obra. Y esta vida común hizo nacer la aspiración de
afirmar la estabilidad de estas relaciones, el sostenimiento del orden entre
sí, para lo cual era necesario que se estableciera una subordinación
completa e indiscutible.
Fué preciso, por lo tanto, dar a estas relaciones una forma social
que se adaptase a su carácter, y los mejores modelos que se ofrecieron
a aquellos masones fueron los colegios de los romanos y las asociaciones
fraternales de los germanos.
Las Logias
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Al propasarse entre los laicos el conocimiento y el ejercicio de la arquitectura,
al elevarse de este modo el sentimiento de la naturaleza humana y el poder
de las audacia se empezó a dar a la vida una forma más cívica,
el espíritu germánico se despertó en toda la energía
de su fuerza, y trató de llegar a la realización de todas
las creaciones, de todas las magnificencias del arte; y en virtud de este
poderoso y atrevido esfuerzo, librándose primero de los principios
en la forma, y apoyándose en otra brillante y completa, el genio
nacional reveló por vez primera su intimo pensamiento en una expresión
propia; tal fué el origen del estilo germánico (gótico)
(1225-1525).
Los maestros masones alemanes se apoderaron con gran acierto de los resultados
obtenidos por otros, y los conocimientos así adquiridos fueron cuidadosamente
conservados por ellos en el seno de sus corporaciones, en las logias, cuya
organización, como un lazo universal unía poco a poco en estrecho
lazo a los obreros todos de las ciudades más importantes. Los habitantes
del Norte de Francia, gente activa, amiga de novedades y germanizada en
alto grado, se consideran.como los creadores del estilo gótico (según
Lübke), que en el año 1160 se ve aparecer en su territorio.
De este punto pasó bien pronto a Inglaterra y después a Alemania
y a otros países del Norte, mientras los países meridionales
tomaron una parte menos activa en el momento general. Estaba reservado a
Alemania el desenvolver progresivamente el estilo gótico, que a juzgar
por la fecha de su aparición, se produjo en varios puntos casi simultáneamente.
Las reglas y sus relaciones matemáticas de esta nueva forma de construcción,
se enseñaron en los talleres o logias de los tallistas de piedra
de Alemania y se propagaron como secretos del arte.
Dondequiera que se emprendieron obras de alguna importancia, se levantaron
estas logias, a cuyo derredor existían habitaciones, que venían
a convertirse por la prolongación de los trabajos, que duraban uno,
dos o más años, en colonias o en conventos. Como verdadero
fundador de las logias, se cita el nombre del abad Wilhelm von Hirschan,
conde palatino de Scheuren (1000 - 1091), que había sido antes maestro
de la logia de San Emmoran en Regensbourg y que para la conclusión
y ensanche de las obras de la Abadía de Hirschan, había llamado
y reunido obreros de todos los oficios, albergándolos en el convento
en calidad de hermanos laicos y haciéndoles dar instrucción
y educación. La vida común de estos obreros estaba reglamentada
por estatutos, en los que, como principio fundamental, Wilhelm había
establecido, que entre todo debía existir una concordia completamente
fraternal, teniendo en cuenta que para la realización de una gran
obra son indispensables el concurso de acción y la combinación
de todas las fuerzas, de las que depende el éxito de toda empresa
de utilidad general.
En los primeros años del siglo XIV, fué perdiéndose
el gusto y la afición al arte de construir en los miembros del clero;
y los maestros masones formados por ellos, se desligaron en esta época
de la comunidad monástica.
Ya en el siglo XIII se había visto aparecer vanas logias de picapedreros,
independientes de los conventos unidas entre sí, como veremos más
adelante, formando un cuerpo al que estaban afiliados todos los obreros
en piedra de Alemania, tenían signos especiales y particulares de
reconocimiento y se hallaban unidos por ciertos artículos de su carta
(ordenanza) que obligaban a todos los miembros y por los cuales estaban
reglamentadas sus relaciones.
Diversas han sido las opiniones creadas sobre la naturaleza y la organización
de La logia y sobre los conocimientos que en ellas se enseñaban.
Mientras que unos, considerándolas igualmente alejadas de todos los
extremos, sólo descubren en las logias “lugares ordinarios
de reunión de individuos constituidos en corporaciones, regidos por
severos reglamentos", otros arrastrados por las exageraciones de su
imaginación se obstinan en considerar a las logias como las depositarias
de los grandes secretos del mundo: realmente las logias no fueron durante
la Edad Media ni el punto de reunión de adeptos ocupados en resolver
los trascendentales y profundos problemas que la humanidad había
de desarrollar en su incesante marcha progresiva, ni la asamblea de obreros
vulgares e ignorantes.
El espíritu que dirigía y la organización de las logias
han tenido sin duda algunas bases más importantes que simples prescripciones
de policía y vulgares procedimientos de oficio; así lo hace
constar M. Reichensperger con conocimiento de causa: “por el espíritu
de unidad que a pesar de numerosas disensiones exteriores ha precedido a
la creación de las logias”; también está victoriosamente
probado este aserto por las obras incomparables que han producido; obras
que cual árboles gigantes y maravillosos han cruzado el espacio de
los siglos y cuyo gran esplendor y diversidad de formas, obedecen a una
sola y misma ley". “Está probado, continúa diciendo
Reichensperger, que la Edad Media era menos hábil que nuestra época
en la manera de escribir, a lo menos en el terreno de las artes para ello
se servían del estilo lapidario en toda la extensión de la
palabra; los edificios, las obras de arte constituían los escritos.
De modo que los documentos que se refieren especialmente a lo que concierne
a las logias y cuyo número, asaz reducido, es tan sólo anterior
a la segunda mitad del siglo XV, deben ponerse en paralelo con los monumentos
y con la vida en común de la Edad Media para formar con tales elementos
un cuadro que nos ofrezca aproximadamente la verdad.
Por otra parte, en cuanto a los documentos que, según la opinión
general, deben guiarnos sobre los hechos de la antigüedad, no puedo
renunciar al deseo de emitir aquí la opinión del respetable
veterano del arte nacional, M. Sulpicio Bosiserée, que califica la
colección de San Kloss (la Francmasonería en su verdadera
significación), como la más completa hasta nuestros días.”
En resumen, de todos los reglamentos de los cuerpos de oficio que la religión
practica, resulta que la moral y el honor eran considerados como los sostenes
fundamentales de las logias.
Antes de proseguir el estudio de la naturaleza, de la Organización
y de los usos de las cofradías de picapedreros alemanes, asistiremos
a su creación y después estudiaremos su desenvolvimiento progresivo.
Los Guildos
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Volviendo a la sombría época de la Edad Media, encontramos
ya en sus albores, sociedades juramentadas, formadas para la defensa común
contra los enemigos exteriores primero, y después contra los del
interior, pero en particular contra los grandes poseedores de bienes, que
abusaban de su poder. Más tarde, la creación y la extensión
de Las ciudades en las que se reconcentraban y se reunían muchos
hombres libres, cuando el guildos y gremios de que formaban parte los ciudadanos;
de estas cofradías encontramos huellas evidentes en los mas antiguos
recuerdos que nos quedan de la historia del pueblo alemán. La existencia
de estos guildos protectores (durante el siglo XIII), en la mayor parte
de las ciudades alemanas, está comprobada por las relaciones que
han llegado hasta nosotros y que hacen de ellos mención y por varios
estatutos que de estas cofradías se han conservado. Tenían
a su frente un prudente (Stuhlbruder, Alderman, Maestro); para la recepción
de un miembro era necesaria la fianza; el despacho de sus asuntos se hacía
en asamblea regular, donde se discutían igualmente todas las empresas.
La admisión de los hijos de los miembros se facilitaba por todos
los medios, etc, etc. Sin embargo, como los guildos de las ciudades se aislaban
completamente de los obreros, éstos formaron a su vez entre sí
corporaciones. Aún cuando no poseamos prueba auténtica alguna
de la existencia de estos últimos antes del siglo XII, no podemos
ponerla en duda, porque, como hace notar Winzer con razón, pueden
haber existido durante mucho tiempo, antes de que se pensase en darles constituciones
escritas. Una vez autorizadas, reclamaron privilegios y entonces se hizo
sentir la necesidad de darles constituciones escritas.
En estas corporaciones eran admitidos todos los que habían nacido
libres, observaban una vida irreproducible y conocían su oficio;
todos los miembros gozaban de iguales derechos, tenían las mismas
obligaciones y se consideraban hermanos. Lo mismo ocurría entre los
tallistas de piedra.
La Cofradía de los Canteros
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Los magníficos monumentos del arte de construir de la Edad Media,
y todos los espléndidos edificios de aquella época, que son
los que únicamente deben ocupar aquí nuestra atención,
estaban construidos, en su mayoría, con bloques cuadrados de piedra,
que pulimentaban los obrero, con arreglo a los planos del maestro, y conforme
a las reglas del arte. Es inútil indicar que este trabajo exigía
el concurso de hábiles obreros; y estos obreros eran los tallistas
en piedra o canteros.
Origen de la Cofradía de los Canteros.
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Como hemos dicho anteriormente, se pretende que en la Cité de Francia,
en París y en sus alrededores, tuvo origen el estilo germánico
(gótico). En el transcurso del mismo siglo, apareció en Inglaterra,
en la catedral de Cantorbery (1171-1185), y poco después en Alemania.
El primer edificio construido en el suelo alemán siguiendo este estilo,
parece que fué la nave de San Geréon en Colonia (1212-1227);
siguieron después la cúpula de Magdebourg (1211), la iglesia
de Nuestra Señora de Tréveris (1227), la de Santa Isabel en
Marbourg (1235) y la cúpula de Colonia (1248). La construcción
de estas grandes obras reunió gran número de masones y especialmente
de picapedreros; a quienes unía el ejercicio del mismo arte, la unidad
del plan y la combinación de todos sus medios artísticos,
haciendo nacer insensiblemente en su seno la cofradía o hermandad
de los canteros alemanes. Siguiendo una antigua tradición, el oficio,
constituido en corporación se instituyó en Alemania, primero
en Magdebourg en la catedral, a la que se atribuye, aunque nada lo justifique,
la fecha de 876, cuando está perfectamente probado que no se emprendieron
las obras hasta el año 1211. Hay motivos para creer que a esta misma
fecha se remonta la creación de la cofradía de los francmasones,
aun cuando hasta el siglo XV (1459) no aparece documento alguno en que se
haga de ella mención, cuando pudieron señalarse ciertas negligencias
“contra la buena costumbre que los antiguos obreros han observado
desde los tiempos más remotos; y a fin de continuar siempre en el
buen camino, hemos recordado esta costumbre tradicional, introduciendo en
ella las modificaciones necesarias.".
Si es cierto que el arte del tallista en piedra forma parte integrante de
la construcción de todo edificio de piedra y del estilo en general,
y por lo tanto del que nos ocupa, el estilo gótico, Colonia podía
quizás reivindicar el privilegio de haber alentado los primeros pasos
de esta cofradía; y en efecto otra tradición nos presenta
esta ciudad y particularmente al célebre escolástico Albert,
conde de Vollstädt, más conocido con el nombre de Albertus Magnus,
que vivía en Colonia en 1249, como el verdadero inventor del estilo
germánico (gótico). “Albertus, dice Heideloff, dió
una nueva vida al lenguaje simbólico de los antiguos por tanto tiempo
envuelto en un profundo sueño, y lo adaptó a las formas del
arte de construir, al cual prestó innumerables servicios. Estos servicios
eran tanto más señalados, cuanto que prohibió a las
sociedades de masones confiar a la escritura los principios introducidos
por Albertus en el arte de construir, principios que debían permanecer
en absoluto secreto, para que nunca fueran profanados. Por esta razón
se emplearon los símbolos, cuya utilidad era tenida en grande estima,
distinguiéndose el que llegaba a comprenderlos y aplicarlos perfectamente.
Los símbolos servían de regla en el ejercicio del arte; hacían
más fácil el trabajo de los que los comprendían, instruyéndolos
rápidamente respecto al objeto y dirección que, debían
imprimir a una obra. Estos trabajos se dirigían por medio de este
lenguaje figurado. El espíritu de esta enseñanza secreta estaba
llamado a ejercer una influencia convenientemente favorable en las logias,
porque no se admitían en ella a los aprendices, hasta tanto que hubiesen
demostrado ciertas aptitudes y determinados conocimientos, disposiciones
preliminares que los ponían en condición de adquirir más
fácilmente la inteligencia de este lenguaje simbólico que
no hubieran comprendido, obreros ignorantes. La consideración de
que gozaban generalmente y que despertaba en ellos el sentimiento de la
dignidad, les impedía iniciar a los profanos en los misterios de
su lenguaje. Por otra parte, este lenguaje les servía también
de medio de comunicación a falta de escritura, mucho más estando
poco generalizado todavía este arte en aquella época. Además,
los masones no disponiendo de tiempo, ni de medios, ni de ocasiones, podían
apenas aprender la escritura, mientras que se familiarizaban sin trabajo
con el sentido de los símbolos, porque sus ocupaciones ordinarias
se los ponían continuamente ante la vista y en el curso de los trabajos,
la enseñanza y las correcciones de sus camaradas más experimentados,
contribuían a su adelanto intelectual”. Se
pretende que Alberto el Grande trazó por sí mismo el plano
de la cúpula de la catedral de Colonia, lo cual es muy posible, admitiendo
que, como aficionado al arte de construir, haya formado parte de los guildos
o gremios. También habría modificado las constituciones de
la cofradía, introduciendo en ellas nuevas disposiciones. Es, sin
embargo, muy difícil determinar si dio impulso al simbolismo y a
su inteligencia científica o si no hizo más que dar vida a
un espíritu hasta entonces inconsciente, y atribuirle una influencia
determinada. Winzer cree que la opinión más admisible, es
que las reglas observadas y las disposiciones tomadas durante la construcción
de la cúpula de Colonia revelan de un modo claro la aplicación
constante del método inaugurado por él. Sin embargo, consideremos
lo que era, la ciencia en aquella época; el importante papel que
entonces jugaban la alegoría y el simbolismo; la influencia mística
que las cruzadas habían esparcido durante la Edad Media, teniendo
presente la sabiduría arábigo-judaica y la interpretación
del Antiguo Testamento que constituían las regiones más elevadas
de la filosofía, y sabremos con exactitud en qué consistían
aquellas reglas, aquel sistema del arte de construir. Los principios matemáticos,
las figuras geométricas acompañadas de explicaciones místicas
y de relaciones secretas; las alusiones bíblicas y los signos que
fueron la fuente de donde se derivaron las proporciones góticas:
las reglas del estilo gótico, aplicadas por medio de signos místico-biblicos,
constituían verdaderamente el objeto real y secreto.
Extensión de la cofradía
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Como los masones, favorecidos por el gusto de la edificación, tan
desarrollado en los siglos XIII y XIV, encontraban ocupación por
doquier, no es raro verlos llamados al extranjero. De este modo se elevaron
en esta época magníficos edificios construidos por manos alemanas
en Italia, en Francia y en Inglaterra; pero por donde principalmente se
esparcieron fué por Alemania.
Así, desde el Siglo XIII, existían logias de picapedreros
en Magdebourg, en Lubeck, en Bremen, en Colonia, Halbersstadt, etc., independientes
ya de los conventos en los que se había perdido la afición
por las construcciones.
Pero la prosperidad no anduvo unida por largo tiempo al arte de construir
en Alemania; con su decadencia, se introdujeron desórdenes en las
logias, y como consecuencia natural, éstas se desorganizaron a su
vez. Para remediar este estado de cosas los maestros de las del Mediodía
y del centro de Alemania, se reunieron en capítulo en el año
1459 y compusieron el 25 de Abril en Regembourg, nuevas leyes bajo la forma
de ordenanzas.
Posteriormente, estos estatutos fueron muchas veces modificados y renovados;
primero (1498) por el emperador Maximiliano I, y después por sus
sucesores, que al fin los confirmaron.
Los miembros reconocían como juez supremo de la sociedad automáticamente
constituida (maestros, aprendices y compañeros), a los jefes de las
grandes logias de Estrasburgo, Viena, Colonia y Berna (más tarde
Zurich). El maestro de la logia principal de la cúpula de Estrasburgo
como el encargado de juzgar en primera instancia, resolviendo sobre todas
las diferencias que surgieren entre los miembros. Las logias de Magdebourg,
de Halbersstadt, de Hildesheim y de todas las ciudades de la Sajonia inferior
no estuvieron representadas ni fueron al efecto invitadas en este congreso
de tallistas en piedra; más tarde se les dirigió una copia
de la nueva ordenanza de Estrasburgo, con la invitación de afiliarse
a la sociedad. En lugar de hacerlo así, se reunieron por su propia
cuenta el 24 de agosto y el 29 de septiembre de 1462" en Torgan, y
publicaron una ordenanza particular, que nunca fue observada ni cumplida.
La Sociedad de Constructores, ocupada en edificar la cúpula de Estrasburgo,
fué la primera, en Alemania, en la que sus miembros tomaron el nombre
de francmasones, mientras que las dirigidas anteriormente por los monjes
llevaban el nombre de cofradía con la advocación de un santo
y hasta los miembros de la sociedad primitiva de los obreros de Estrasburgo,
se llamaban en 1440, hermanos de San Juan.
Las ceremonias de Recepción y el Simbolismo de los Canteros
Alemanes.
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Los picapedreros alemanes y los obreros de piedra libres (Freistein Maurer)
ingleses, no estaban constituidos tan sólo en guildos o gremios de
los oficios, y como tales en cuerpos públicos reconocidos por el
Estado, con derechos políticos, sino también en cofradías
libres que poseían la doctrina secreta del arte. Los usos de los
masones alemanes en todas sus relaciones, sobre todos los usos de los canteros
alemanes, de los masones, de los carpinteros se encuentran reunidos y comentados
en la obra de M. F. A. Fallou, titulada: Los Misterios de los, Francmasones.
Estos usos se refieren a la recepción en la sociedad, al derecho
de la Logia, a los exámenes y al ejercicio de la hospitalidad. El
compañero que al terminar su aprendizaje pedía el ingreso
en la cofradía, debía presentar, del mismo modo que al ingreso
en los guildos, la prueba de la honradez y de la legitimidad de su nacimiento
(ciertos estados se consideraban deshonrosos, y ni los que los ejercían,
ni sus hijos, podían ingresar en un guildo). Debían, además,
gozar de buena reputación.
Los principales estatutos prescribían como condición expresa
de admisión, haber nacido libre, tener una reputación sin
tacha y buenas disposiciones físicas y morales.
El
nuevo
miembro recibía desde luego una señal que debía reproducir
en todas sus obras: era su marca de honor. El hermano que le había
propuesto se encargaba desde entonces de su dirección especial. El
día señalado el aspirante se presentaba en el lugar de la
reunión del cuerpo del oficio, donde el maestro de la logia había
hecho preparar convenientemente el salón, dedicado especialmente
a este objeto: entraban todos los cófrades (desarmados, porque este
lugar estaba consagrado a la paz y a la concordia) y el maestro abría
la sesión. Empezaba por participar a los allí reunidos que
habían sido convocados para asistir a la recepción de un candidato
y encargaba a uno de sus miembros que fuese a prepararlo. Éste invitaba
entonces al compañero a adoptar, siguiendo la antigua costumbre de
los paganos, el aspecto de un mendigo: se le despojaba de sus armas y de
todos los objetos metálicos que llevaba; se le desnudaba en parte,
y con los ojos vendados, el pecho y el pie izquierdo desnudos se le conducía
a la puerta del salón, que se abría después de haber
llamado con tres golpes fuertes.
El segundo presidente lo guiaba hasta el maestro, que le hacía arrodillar,
mientras se elevaba una plegaria al Altísimo.
Terminada esta ceremonia, se hacía dar al candidato tres vueltas
alrededor del salón y se le colocaba en la puerta, donde le enseñaban
a poner los pies en escuadra, y adelantar en tres pasos hasta el sitio del
maestro.
Delante del maestro se encontraba una mesa, en la que estaba colocado el
libro de los Evangelios abierto y la escuadra y el compás, sobre
los cuales, según la antigua costumbre, el candidato extendía
la mano derecha para jurar fidelidad a las leyes de la cofradía,
aceptar todas las obligaciones y guardar el más absoluto secreto
sobre lo que sabía y lo que pudiese aprender en lo sucesivo.
Prestado el juramento, se le descubrían los ojos, se le mostraba
la triple gran luz, se le daba un mandil nuevo y la palabra de paso y se
le señalaba el sitio que debía ocupar en la sala de la corporación.
El saludo y el toque los recibía en el curso de su admisión
entre los compañeros. El toque era el mismo que hoy emplean los aprendices
francmasones. Cuando un compañero picapedrero entraba por vez primera
en una logia extranjera, llamaba a la puerta con tres golpes y se adelantaba
hacia el maestro o el que ocupaba su lugar, que lo recibía por los
tres pasos de los francmasones. Los compañeros colocaban los pies
en escuadra.
En fin, el maestro preguntaba si algún compañero tenía
que someter algún asunto a la reunión y cerraba la sesión
por los tres golpes de costumbre.
Durante los banquetes que se celebraban después de la recepción
y que siempre empezaban y concluían con una plegaria, el recipiendario
brindaba por los maestros con la copa de la cofradía (la bienvenida),
repitiendo el brindis a la prosperidad de la orden. Entonces, como ahora,
y en todos los guildos, se bebía en tres movimientos; se cogía
la copa con la mano enguantada o cubierta con el pañuelo, se levantaba
la tapa, y se llevaba a la boca: después se vaciaba el contenido
en tres veces, y finalmente se colocaba de nuevo en tres movimientos sobre
la mesa.
Tales eran, en resumen, los usos adoptados para lo entre los canteros alemanes.
Las personas que mayores detalles deseen sobre este asunto, pueden consultar
la obras de Fallou y de Winzer.
Simbolismo
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Además de las costumbres tradicionales, se transmitía a los
canteros una enseñanza secreta de la arquitectura y la ciencia mística
de los números, que aplicaban después en sus trabajos de construcción
y que perfeccionaban notablemente.
Los números 3, 5, 7 y 9 eran para ellos sagrados, así como
también los colores que tenían alguna relación con
su arte: el oro, azul y blanco eran los emblemas de la sociedad secreta:
también puede considerarse como uno de sus emblemas la cuerda con
nudos que en algunas reuniones figura como un adorno en las portadas de
los edificios.
Como símbolos más expresivos encontramos el compás,
la escuadra, el nivel y la regla, que dentro de las logia tenían
una significación propia.
El maestro se colocaba siempre en las logias a la izquierda, lo mismo que
el sacerdote en la iglesia: por el contrario, los presidentes de la cofradía
se colocaban a la derecha, mirando a izquierda. Estos tres jefes simbolizaban
las tres columnas de la logia (la sabiduría, la fuerza y la belleza),
y representaban al mismo tiempo la hermandad y la actividad en acción.
La representación emblemático de los útiles masónicos
no era solamente una consecuencia natural del carácter de la época;
la costumbre se hallaba sancionada por el ejemplo: los picapedreros no fueron
los primeros en simbolizar los instrumentos de su oficio, pero sí
en atribuir a estos emblemas una importancia real, estableciendo entre ellos
y el edificio moral relaciones directas, porque se consagraban en realidad
a una vocación santa.
En la edificación de un templo del Señor, el maestro tallista
de piedra perpetuaba su nombre a la par que contribuía a la glorifación
del Ser Supremo, a la propagación de la doctrina cristiana, a la
práctica de la virtud y al ejercicio de la piedad.
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